Deseé con toda mi alma que el hombre que entraba por esa puerta no fuése el mismo que entró años antes en mi corazón. Deseé ver su rostro y, a la vez, borrarle todas las sonrisas falsas que me habia regalado. Cerré los ojos fuertemente. Los volví a abrir. Pensé que quizás solo era producto de mi imaginación. Que inocente era.
-Hola, cuanto tiempo.
-Hará un año.
-Te eché de menos.
-yo no.-En el fondo sabia que era mentira.
No puedes vivir sin mí
-¡No puedes vivir sin mí!-Dió un fuerte golpe en la mesa y dejó su delicada mano roja como un tomate. Carlos cogió aire y lo sacó lentamente. Habia llegado a su límite.
-¡No puedes vivir sin mí!-Ana lo habia repetido muchas veces aunque, cada vez, le convencia menos esa frase. Sabia que habia llegado el final.
Carlos separó la silla de la mesa arrastrándola por el suelo. Cerró los ojos con calma y los abrió para mirar a su novia. Ella, nerviosa, buscó la cucharita para empezar a hacer redondas dentro de su capuccino, intentaba parecer segura de si misma.
-¡Estoy harto!-pegó el segundo golpe de la tarde y se marchó,
Ana se quedó solaa con un capuccino mezclado y un café con leche frio.
Ser o no ser
Mientras deshace el azúcar dentro del café, piensa en lo bonito que seria estar, ahora mismo, encima de un escenario. Mostrar al mundo que ella es capaz de aparentar lo que sea, apta para disfrutar del público que aplaude su interpretación. Se imagina hablando con una calavera, como en hamlet, o recitando la poesía de machado con su voz aterciopelada. Se imagina besando a Romeo o discutiendo con el fantasma de la ópera. I mientras deshace el azúcar dentro del café, ve que antes de ser otro tiene que saber quién es ella misma.
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